Percepciones

Vivencias, noticias globales y el mundo tecnológico

La huella del comunismo sigue presente en Europa del Este

Dentro de la belleza y esplendor de cada ciudad que visité estas vacaciones dentro de  Europa del Este surgió como factor común y omnipresente la huella del comunismo en sus sociedades y sobre todo en la mente de los jóvenes, que no vivieron esa época pero, pero a quienes se la enseñaron para que nunca se repita.

Para un venezolano no es popular elegir como destino turístico a países de Europa del Este no es lo que “acostumbra” cuando planeamos explorar y conocer regiones dentro del viejo continente. Sin embargo, la idea llegó a mi mente al planear mi segundo viaje a esta región del mundo y pensé, como muchos, que la mejor manera de hacerlo era con un tour y guías asignados por aquello de la seguridad y comodidad que implicaba.

A pesar del susto, de alejarme del margen de “seguridad” de las ciudades comunes, me llevé una agradable impresión de su gente con la amabilidad de quienes trataban de entender en mi mediano inglés lo que quería comunicarles.

Para turistear, lo peor que puede pasar es no tener tiempo suficiente para las zonas más emblemáticas de una ciudad, sus calles, su cultura y sobre todo sus obras arquitectónicas. Lamentablemente, así me pasó con Berlín, marcada por la división ideológica del mundo y capital de la Alemania unificada.

Un plan de iniciar mi tour en la capital alemana fue retrasado al ser cancelado mi vuelo -que me dejaría en esa ciudad- por problemas en el uno de los motores del avión de Lufhtansa. Sin embargo, un mapa y mi miedo a comunicarme en inglés me hicieron capaz de recorrer en unas cuatro horas las principales zonas de Berlín para llevarme un mínimo recuerdo de ella, con la promesa de regresar.

La amplitud de sus calles y las hermosas edificaciones junto con el frío inesperado de inicios de junio definieron mi escaso recorrido por Alemania. Llegar directo de Venezuela tras más de nueve horas en un avión no detuvo mi intención de explorar aquella capital mundial. Así pude conocer entre muchos otros lugares, la emblemática puerta de Branderburgo.

Lo más bello de Europa

Conocer Praga ha sido una de las más gratas sorpresas que me he llevado durante los viajes que he realizado en mi vida. Visitar la capital de República Checa es un sueño, es entrar al siglo XIII en pleno 2012, sentí como el tiempo se detuvo para descubrir la magia que tenía ante mis ojos, una ciudad que parece irreal, salida de un cuento de hadas llena de belleza y pintoresco ambiente.

Sus calles de piedra y fascinantes historias hicieron que surgiera un amor nato y puro por esa ciudad. Sin embargo, a partir de allí noté como cada guía que iba conociendo a lo largo de mi recorrido de diez días por estar región europea se hacia presente el sentimiento de culpa y vergüenza por haber vivido bajo el dominio comunista.

Vale recordar que tras la Segunda Guerra Mundial, la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) llegó hasta Alemania oriental y a su paso, dejó regímenes comunistas afines con el sistema que mantenía Moscú.

Pueblos oprimidos, silenciados y empobrecidos resultaron de estos gobiernos y solo después de la caída del muro de Berlín (1989) lograron liberarse del yugo ideológico que había sido impuesto por más de 40 años.

“Agradecemos que se haya acabado el comunismo en nuestros países. Gracias al capitalismo ahora cada día viene miles y millones de turistas a nuestros países (Praga fue en 2004 la sexta capital de Europa en ser visitada), en la era comunista nadie quería visitar nuestras regiones. Finalmente somos libres para decidir por nosotros mismo” dijo María, un guía checa de ojos esmeralda y cabello azabache, que nos contó en un día de recorrido sobre las dificultades que vivieron las generaciones previas a la de ella durante la era comunista.

En Praga conocimos el monumento que recuerda el comunismo, que no es más que una serie de hombres desmembrados, porque a juicio del artista y de los checos, eso es lo que pasa a las sociedades que viven bajo esa ideología, un desmembramiento paulatino del pensamiento, las libertades y los deseos de superación.

Historias similares escuché de cada uno de los guías a los que conocí en Budapest y Viena. Edificios minúsculos, tipo bloques y sin creatividad arquitectónica fueron construidos en masa durante ese periodo sobre todo en las afueras de las principales ciudades y hoy, con pintura han intentado embellecer.

Además del tema comunista presente en cada explicación que nos daban, me llamó la atención ir descubriendo que Praga, Budapest y Viena tenían como “obsesión” la intención de querer mostrar una arquitectura similar a París.

Por ello, en varias ocasiones Gustavo Eiffel (arquitecto de la torre homónima) fue contratado para darle a estas zonas un aire de Francia. Fue así como decenas de edificios parecían réplicas de la capital francesa y su aire afrancesado me recordó a la ciudad del amor.

Budapest es una ciudad imperial, su majestuosidad se refleja en los principales edificios oficiales. Un aura de gradeza que aprecian quienes saben de diseños y construcciones. Basta con ver el Parlamento neoclásico para descubir lo que fue está región ubicada en pleno corazón de Europa.

La capital húngara es conocida mundialmente por ser la ciudad en el mundo que más pozos de aguas medicionales y termales del mundo. Su rendimiento de aguas termanles con temperatura de 21 a 78 grados centígrados brotan de al menos 118 fuentes natuales y de pozos artificiales.

Mientras que visitar Viena es una bocanada de cultura con un importante patrimonio artístico, aunque en muchos aspectos da la sensación de estar en Alemania por su arquitectura. Pero, la calidez de la gente alemana no se manifiesta en su vecina. Noté con extrañesa que quizá los austríacos fueron los más ariscos y antipáticos de todos los ciudadanos europeos con los que conversé durante el viaje.

Lo que más resaltó de mi estadía en estas cuatro capitales, fue que los 40 años de comunismo que vivieron estas sociedades dejó un mal recuerdo y que hoy bajo el capitalismo y gobiernos democráticos han logrado superar las penurias de la opresión que vivieron por décadas.

@VeroEgui

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “La huella del comunismo sigue presente en Europa del Este

  1. Damaris Rodriguez en dijo:

    Mucha tristeza y desesperanza para nosotros los venezolanos, que vemos como se ha introducido ese cáncer en nuestro país….camino hace años viendo ese desmembramiento de familias y personas! Qué podemos hacer quienes vemos y vivimos este episodio, cuánto durará?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: