Percepciones

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El miedo a la cotidianidad venezolana

 Temerosa y acelerada es mi vida desde hace un par de años. La abrumadora cantidad de noticias e información sobre allegados que han sido víctimas de algún delito, han hecho que mi rutina  diaria transcurra entre una taquicardia constante, un racismo sin fundamento y un miedo a cualquier contacto con un particular en la calle.

Intento pasar desapercibida con mi manera de vestir y de andar, de esconder artículos de valor o no usarlos. Todo a fin de no volver a formar parte de las estadísticas delictivas de este país, en el que no pedí nacer y del que estoy segura no pertenezco.

Encontrar tráfico cuando en algún vehículo automotor me encuentro, trasladarme en metro sin afluencia de gente. Todo esto y mucho más me causa terror.

Estoy segura de que mi situación no es aislada, y que podré encontrar a más de uno con similares sensaciones, pero estoy cansada ya de vivir en la zozobra con razón o sin ella, con el miedo de que me puede pasar otra vez y de que no habrá nada ni nadie que pueda rescatarme.

Hace una semana iba a aprovechar la oportunidad del “puente” del 4 y 5 de julio para viajar a Morrocoy y disfrutar de sus bellas playas cuando en medio de la noche, a mi novio y a mi nos agarró una tranca de más de hora y media en la autopista Regional del Centro después de pasar el túnel dela Cabrera.

Luego de unos 15 minutos detenidos en el medio de la nada y a la buena de Dios, sentí nerviosismo y angustia, mi estómago quería manifestarse.

Finalmente, decidí seguir el ejemplo de otros compañeros de la cola: me bajé del carro. Al principio tuve la impresión de que mis piernas no iban a sostener el peso de mi cuerpo, las rodillas se doblaron, todo me temblaba.

Mientras escribo estas líneas y rememoro ese momento, vuelvo a sentir ese pánico, mis manos se mueven incontrolablemente al impulso de mi corazón.

Afortunadamente, mi historia y la de esos cientos de personas que aguardaban por el levantamiento de un choque en las cercanías a las Trincheras fue solo un susto, una pérdida de tiempo en medio de una vía en Venezuela, pero ¿a cuántas personas no las han despojado de sus pertenencias, sobre todo los fulanos Blackberrys, mientras están en una cola para ir a su trabajo o regresar a su casa?  ¿Es justo acostumbrarnos a ello?

Yo sólo quiero vivir con tranquilidad y seguridad, en un lugar donde pueda caminar por las noches sin voltear por encima del hombro cuando alguien se acerque, donde pueda contestas una llamada sin temor a que sea la última con ese aparato, donde pueda vivir y no sobrevivir a la inseguridad.

Cuando pienso en esta situación lo único que quiero es irme de aquí, salir corriendo de Venezuela y formar parte de los miles de inmigrantes venezolanos que han buscado un mejor futuro fuera de este territorio.

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Un pensamiento en “El miedo a la cotidianidad venezolana

  1. Flory Brito en dijo:

    Te entiendo hija! Por eso siempre te digo que nuestro tiempo aquí terminó. Tienes la mejor de las oportunidades para migrar, una carrera a ejercer en cualquier lugar del mundo, manejo del inglés, juventud, caracter, foratlece y motivación al logro…busca tu norte en algùn lugar del mundo!

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