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Seducida por la costa oeste de EEUU

 

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Viajar siempre ha sido para mí un placer. Conocer nuevos destinos, culturas y geografías me ha enriquecido como ser humano y me ha permitido descubrir realidades que no imaginé existieran.

En mis más recientes vacaciones quería salir de la cotidianidad, miles de opciones pensé y aunque Estados Unidos es un destino común para los venezolanos, estuve empeñada en salir del confort que ofrece ir a Miami por la facilidad de hablar en español y de visitar los famosos malls para comprar compulsivamente con el cupo de cadivi.

La costa oeste retumbaba en mi cabeza, quería conocer Los Ángeles, San Francisco, Las Vegas y el Gran Cañón, por sólo nombrar algunos destinos.

El plan fue abrumador desde el principio: siete días para recorrer tres estados de la costa oeste: California, Nevada y Arizona y conocer por lo menos 10 destinos: Los Ángeles, Las Vegas, Hoover (represa) Dam, el Gan Cañón, el Parque Yosemite, San Francisco, la villa danesa Solvang y algunos barrios chinos de las ciudades mencionadas.

 Mi aventura comenzó una mañana de abril acompañada de dos de las personas más importantes en mi vida: mi madre y mi novio.

El destino principal fue Los Ángeles, cinco extenuantes horas me tomó llegar hasta allí desde Miami. Fue sin duda un viaje con vista privilegiada, bordeamos la costa del país, pasamos sobre inmensos desiertos que por momentos resultaban interminables y hasta  montañas nevadas se veían a través de la ventanilla del avión.

El aeropuerto de Los Ángeles te embriaga con la personalidad, aspecto y características de sus habitantes y visitantes. EEUU es multiétnico pero la diversidad que vi en California y específicamente en LA no la recuerdo en ningún otro sitio de esa nación.

El estado de California es fascinante y abrumador, su inmensidad, diversidad cultural y geográfica, la ubica -en mi opinión- en un destino que todo amante de la aventura y los viajes debe visitar.

Éste gran estado me dejó miles de sensaciones: Los Ángeles, salvo la zona de millonarios en Beverly Hills, el Rodeo Dr y el observatorio Griffith desde donde se observa minúsculamente el letrero de Hollywood no me entusiasmo.

Es una ciudad muy grande con muchos latinos viviendo en la miseria, una especie de México americanizado. Sentí vacío y decepción al estar allí. Ningún otro destino me dejó esa percepción.

Mientras que, San Francisco me cautivó, me enamoró tanto que sueño con poder recorrerla despacio, sin el apuro de un turista que está a contra reloj para llevarse una probadita de la ciudad. Luchaba contra el frío y la brisa de la bahía (pueden resultar molestos para alguien del trópico) pero su arquitectura y su aire fresco me hacía aproximarme, quererla y sentirla como solo había sentido estando en Nueva York y París, a pesar de las diferencias entre sí.

Ver sus casas victorianas de dos o tres pisos, por ser zona sísmica, el Golden Gate, el barrio chino de la ciudad (el más bonito y grande de EEUU), incluso la ex cárcel -y ahora parque nacional- Alcatraz me hicieron sentirla próxima, apetecible y hoy puedo considerarla como una de mis ciudades preferidas.

Tuve la oportunidad de reencontrarme con la naturaleza al visitar el Parque Yosemite, en California y el Gran Cañón, en Arizona, la inmensidad es indescriptible y creo que inigualable.

En el primero lo verde predominaba, habían cataratas por donde veía, ríos deshelándose, en ese parque se encuentra la roca más grande del mundo (del tamaño de una montaña) y los árboles Sequoia, con más de110 metros. Toda su geografía me dio paz y protección, sentía seguridad y ganas de permanecer allí. Una experiencia inolvidable y a la que con gusto regresaría.

En el Gran Cañón, la sequía es la constante y sus precipicios te mantienen en contacto con la realidad, cualquier descuido puede costarte la vida. Este parque junto a la represa Dam fueron los puntos más distantes que visitamos. Cuatro horas duró el viaje desde Las Vegas y el mismo día nos regresamos. Ocho horas de recorrido para disfrutar su inmensidad y majestuosidad.

Recorriendo de arriba a abajo todo el estado de California tuvimos la dicha de visitar una villa danesa en pleno corazón del estado, en medio de la autopista de la costa del Pacífico se erige un pueblo de vinicultores que desde hace más de dos siglos echaron raíces en esta zona y decidieron mantener su arquitectura, comida y costumbres.

A lo largo de todo el viaje -atravesando tres estados- a bordo de un autobús que realizan tours con decenas de asiáticos y un puñado de occidentales trascurrían los días velozmente, no hubo tiempo de asimilar lo vivido ni de memorizar lo observado, pero a medida de que se cumplía un itinerario aumentaban las expectativas por seguir el camino y descubrir las maravillosas ciudades que visitamos.

De Las Vegas, llamado por mi madre como “un Disney para adultos” recuerdo las cuatro horas que nos tomó el recorrido desde Los Ángeles, pasando un desierto, quizá el mismo visto desde el avión, que no variaba en su geografía. El recorrido fue lento, parecía una película detenida, la misma imagen una y mil veces hasta que a lo lejos se vislumbran los primeros edificios que muestran una ciudad en el medio de la nada.

La arquitectura, el diseño y creatividad para construir los hoteles en la ciudad encantan y emocionan. Haber visto tantas películas y series sobre “la ciudad del pecado” y poder verla por primera vez en vivo y directo es embriagante y alucinante. Cada hotel compite por su superioridad, grandeza e innovación.

Haber visto la fuente del Bellagio bailar al son de una canción de Andrea Boccelli produce un nudo en la garganta y las ganas de derramar alguna lágrima de emoción y efusividad. La majestuosidad de los hoteles es tal, que el Venezia (en inglés) tiene una simulación del canal homónimo de la ciudad italiana en el que hay góndolas y gondoleros para realizar un paseo por tan sólo $15.

Lo que más me llamó la atención fue la cantidad desproporcionada de capillas. En cada esquina había una y el siguiente local generalmente era una tienda para alquilar trajes y disfraces, por si acaso alguien quisiese disfrazarse de Elvis.

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2 pensamientos en “Seducida por la costa oeste de EEUU

  1. Ayxa Hevia en dijo:

    Mi querida VERO….que orgullo ver como puedes describir hermosamente unas vacaciones.. saber que valoras cada instante de tus viajes,analizar y describir cada sitio visitado..me hizo viajar y recorrer cada lugar…aunque he conocido algo de tu recorrido,me parecio formidable la narrativa con que describes cada momento.
    Simplemente eres maravillosa,y estoy muy orgullosa de ti…felicidades me encanto…

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